Como termina una relación, dice mucho de ti

La salida dice más que el tiempo en la vida.

Image by Johannes Plenio from Pixabay

“Te voy a destruir de la manera más hermosa posible. Cuando me vaya, finalmente entenderás, por qué las tormentas tienen nombre de personas.”

-Anónimo.

Al momento en que escribo esto, siento que he sanado las heridas de mi ruptura. Pero tocar la cicatriz incomoda un poco. No porque sea reciente, sino por la razón de que recuerdas el dolor causado. Pienso cómo fue posible llegar hasta aquí, qué pasó, qué hice mal, en qué fallé. Las respuestas son inaceptables, por que no tiene ningún tipo de lógica lo que pueda responder. Aún hay vacíos sin respuestas que ya no tienen importancia. Pensar que hace poco tiempo atrás daría la vida por aquella mujer, y hoy, daría mi vida por no verla nunca más.

“Una vez tengas la tormenta encima de ti nunca recordarás cómo llegaste y cómo lograste sobrevivir. No estarás seguro, en efecto, si la tormenta realmente terminó. De una cosa estarás seguro. Cuando salgas de la tormenta no serás la misma persona que entró en ella. De eso se trata la tormenta.”

-Haruki Murakami

Realmente en este punto, no vale de nada, no tienen ningún tipo de valor los buenos recuerdos, los buenos momentos, no sirven de nada. Simplemente, la salida destrozó todo aquello que pudo ser bonito recordar. Una salida miserable, una salida de un cobarde. Puede que sea difícil de asimilar, pero la dura realidad es que así fue. Besos, abrazos, sexo, y palabras de amor cuando en el fondo sabías que ibas a huir. Es tan falso que pone en duda toda la relación. Las características de una relación saludable que pareciera haber existido sólo existieron en mi mente y corazón. Quizás nunca supiste si amabas de verdad o era simplemente una compañía para ti. Solo recordé que habías dicho que jamás te marcharías.

“Las personas siempre se van, incluyendo aquellos que dijeron que nunca lo harían.”

-Anónimo.

Existen reglas no escritas, expectativas, códigos de conductas que ayudan a llegar al punto de romper una relación y que ambas partes abandonen la misma intactas. Como las personas abandonan, terminan su relación, como terminan un matrimonio, cómo muestran su nueva verdad, revelan su verdadera personalidad y carácter. La manera en que salen de tu vida es lo más importante. La naturaleza de una relación tiene una dosis saludable de coraje, remordimiento, tristeza, arrepentimiento, y empatía. Son emociones que nos hacen humanos y que demuestran cómo somos en los momentos finales.

En ese punto de partida no importan las veces que hiciste reír, las vacaciones especiales, las aventuras, los abrazos, los te amo, los te quiero, las caricias, los logros, las anécdotas, los recuerdos, los regalos, no importa nada. Esos sentimientos son sustituidos con la forma en que decides marcharte. En mi caso fueron incertidumbre, ignorancia, olvido, silencio, dudas, mentiras, distancia, soledad, depresión, ansiedad, pánico, coraje, rencor, y odio. ¿Cómo un ser humano enamorado puede sentir eso? Sencillo, cuando el mismo día que dijiste tu último te amo en la mañana te saludan en la tarde diciendo que no saben si te aman y que sienten algo por otra persona.

¿Qué se supone que se piense, que se sienta? Todo cambia, la vida te puede cambiar en un abrir y cerrar de ojos. De esa misma manera, nuestro cerebro y nuestra propia inteligencia emocional (aquellos que la han desarrollado) nos hacen analizar que estamos en el medio de una tormenta con nombre femenino. Hace que sufras las ráfagas en el alma y que lluevan las lágrimas del dolor y el sufrimiento. Intentas huir, buscar refugio en dónde una vez te sentiste seguro, amado, aceptado, apoyado, y dónde soñabas estar el resto de tu vida. Encontrando solo puertas cerradas, sin un lugar dónde ir, dónde esperar que pase la tormenta. Cuando menos lo esperas, ese sufrimiento, ese calvario, te coloca en el centro de todo, en el medio de la tormenta. En la calma.

“Pasarás por mi vida sin saber que pasaste.
Pasarás en silencio por mi amor y, al pasar,
fingiré una sonrisa como un dulce contraste
del dolor de quererte… y jamás lo sabrás.”

-José Angel Buesa, Poema del Renunciamiento

En esa calma donde puedes ver todo con más claridad. Donde entendemos que nunca fue un lugar seguro, que ya no perteneces ahí y que quizás nunca fue para ti. Retomas tus fuerzas, cambias el sufrimiento por fortaleza, tomas el odio y lo utilizas a tu favor. Olvidas todo lo que hiciste antes de la tormenta llegara a ti, decides seguir adelante. A traviezas la otra parte de esa tormenta sin que el viento y la lluvia te afecten. Al salir, eres otra persona. Más fuerte, más consciente, más TU. Decides entonces convertirte en la tormenta. Todo lo que jamás pensaste hacer, lo haces. Ahora decides dejar todo, seguir todo, te vuelves tu propia tormenta, tan fuerte, que aquella que te hizo descubrirte parece una simple onda tropical. Mientras esa tormenta se regocijaba en sus estragos y salida, tu estabas batallando, estabas sacando el guerrero dentro de ti. Y como una película de superhéroes, descubres que eres mucho más fuerte de lo que jamás imaginaste. Ahora, cuando todos veían la tormenta sobre ti, no esperaban lo que surgiría de ella. Ahora cuando te vean no te reconocerán. Aquellos que son de alma pura, que aman de verdad, que dieron todo, que no se rindieron nunca, que lucharon hasta el final, son los únicos que al pasar la tormenta permanecen de pie. Con la frente en alto, y su corazón sano.

Image by Johannes Plenio from Pixabay

Mientras la otra parte se rodea de momentos que distraen y ayudan a sobrepasar lo que ellos mismos causaron, nosotros estábamos en un proceso de transformación. Escondidos del mundo y la realidad. Ahora que salimos, miramos al futuro directamente a los ojos y sabemos que podemos con esto y mucho más. Que se prepare el camino, que aquí vamos. La fortaleza adquirida en ese proceso de transformación nos une más a quienes somos, nos enseñó quienes son nuestras verdaderas amistades, nos enseñó a entender que somos seres más poderosos de lo que pensamos. Que vale más ser honestos todo el tiempo, y dar el todo por el todo sin importar qué, porque cuando llegue el final, nuestra conciencia sabe que fuimos transparentes de principio a fin. Que los sentimientos fueron tan puros que son nuestros y los controlamos a nuestro gusto. Por qué, no sabemos si esa tormenta nos lleva a una isla desierta donde será nuestro paraíso, y solo estabamos perdidos. Ahora esa isla aguarda todo lo que buscábamos y dábamos por hecho que no lo hallaremos jamás. Me sentaré en la arena, caminaré la isla, descubriré su paisaje, encontraré sus secretos, y me quedaré aquí para intentar ser feliz.

“Y si un día una lágrima denuncia mi tormento,
el tormento infinito que te debo ocultar,
te diré sonriente: «No es nada… ha sido el viento».
Me enjugaré una lágrima… ¡y jamás lo sabrás!”

-José Angel Buesa, Poema del Renunciamiento

Published by Victor Sola

From Puerto Rico. Athletic Trainer and writer in development. Love to write. If I can think about, I will write about it. Open to learn new things.

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