Con los ojos bien abiertos aquí te espero. Se han vuelto cristalinos y parece que no se pueden cerrar. Los parpados se me han fijado y no los puedo cerrar. Esa sensación del aire secando las orbitas oculares, hace que querer mirar sea doloroso. Mis pupilas se han dilatado, no hay oscuridad y la luz carcome mi visión. Quiero cerrarlos, la luz me ha cegado, la desesperación de querer ver y no poder se apodera. No puedo moverlos para poder mirar a otra parte. Se han fijado mis ojos como cristal en el pasar del tiempo. Ahora parece que si parpadeo la piel se romperá como galletas. Las orbitales parecen que se quebrarán. Ahora arden los ojos, ya el dolor es tolerable, pero el ardor no. Entre el ardor y el dolor caigo en la noción de que no volverás y que ya no hay lágrimas para derramar. Recuerdo que este sentir me trajo aquí, y me maldigo por creer que regresarías. Maldita esperanza, malditos recuerdos, maldita memoria. Finalmente, tengo que aceptar que llegó el fin, que todo acabó y que no habrá un tal vez, ni un hasta luego.